Cueva de Altamira

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La llamada “Capilla Sixtina” del arte rupestre, la Cueva de Altamira, se encuentra en la costa occidental de Cantabria, a dos kilómetros del centro urbano de la famosa y bella villa de Santillana del Mar. (no podemos visitarla por su deterioro) y las nuevas instalaciones del Museo de Altamira y la Neocueva (reproducción de la anterior).

En el año 1924, la cueva fue declarada monumento Nacional, y en 1985, fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Lamentablemente, debido a la gran fama generada, la afluencia de visitantes a la cueva creció de forma exponencial, aumentando progresivamente el deterioro de los frescos. Por este motivo se hizo imprescindible restringir el acceso a su interior y adoptar un estricto programa de conservación de la cueva y su entorno. En 2002 la cueva fue cerrada, pero ha sido reabierta este mismo año 2014 para recibir a 5 visitantes más 1 guía al día hasta Agosto, como parte de un estudio del impacto de las visitas a las pinturas.

DESCUBRIMIENTO

Corría el año 1868 cuando Modesto Cubillas se encontraba cazando por la zona y descubrió, por casualidad, la entrada de la cueva mientras intentaba liberar a su perro de entre las grietas de unas rocas. Este hecho no tuvo ninguna trascendencia, pues el terreno es kárstico y se conocían gran número de cavidades sin importancia alguna.

Sin emabrgo sí que llamó la atención Marcelino Sanz de Santuola, un paleontólogo aficionado que tras conocer de su existencia la recorrió en su totalidad en 1875. Dentro de ella vio algunos signos abstractos de color negro, pero no les dio ninguna importancia. Cuatro años más tarde, en 1879, volvió a visitar la cueva, esta vez acompañado de su hija María de ocho años, con la idea de excavar la entrada en busca de restos de objetos o de huesos.

Mientras Marcelino excavaba en la boca de la cueva, la niña se adentró un poco y descubrio unas pinturas en el techo – ¡Mira Papá, Bisontes! – le dijo a su padre. Éste quedo sumamente sorprendido al contemplar con el conjunto pictórico que cubría la bóveda.

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Y no era para sorprenderse menos, pues era el primer conjunto pictórico prehistórico descubierto hasta la fecha. La novedad llevó a la polémica y a la desconfianza de los estudiosos, y tras la muerte de Santuola y de algunos defensores de la autenticidad de la cueva, aquellos parecían condenar a  Altamira a ser un fraude moderno.

Sin embargo, la aparición de numerosas cuevas similares en Europa, principalmente en Francia, llevaron a un cambio de mentalidad en los investigadores y se reconoció el carácter paleolítico de las pinturas de la cueva de Altamira.

LA CUEVA

En el lateral de una pequeña colina de origen pliocénico se ubica la entrada de la cueva, rodeada de árboles y arbustos. Se trataba de un lugar privilegiado para los cazadores ya que desde aquí dominaban una amplia extensión de terreno y disponían de refugio.

Es una cueva pequeña, de 270 metros de longitud, compuesta por una galería principal y muy pocas ramificaciones. Finaliza con una ramificación larga y estrecha, de difícil recorrido. En su interior la temperatura está entre los 13,5 y los 14,5 ºC y la humedad entre el 94 y el 97%.

Dentro de la cueva se distinguen varias zonas: El Vestíbulo, La Gran Sala de los Polícromos, La Gran Sala de los Tectiformes La Galería, La Sala del Bisonte Negro, La Sala de la Hoya, y La Cola de Caballo.

El Vestíbulo es una zona amplia e iluminada (antes de que se produjera uno de los muchos derrumbes que ha sufrido la cueva a lo largo de la historia). Desde el Paleolítico Superior era el lugar en el que los habitantes de Altamira realizaban las tareas de la vida cotidiana , esto se deduce del gran número de objetos y piezas encontrados en sucesivas excavaciones.

La Gran Sala (también conocida como Gran Salón, Gran Sala de los Polícromos, Sala de los Animales, Gran Techo, Sala de los Frescos…) es la que alberga el conjunto de pinturas policromadas del Arte Cuaternario que dan la importancia que tiene a la cueva.  Esta bóveda mantiene el ancho y largo originales (9x18m), pero la altura se modificó, originalmente era de entre 1,10 y 1,90 metros pero se rebajó el suelo para facilitar la observación de las pinturas.

En el resto de salas también existen manifestaciones artísticas aunque de menor transcendencia y se realizaron con luz artificial, pues está fuera del alcance de la luz natural.

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PINTURAS Y GRABADOS

En la cueva de Altamira existen pinturas y grabados de distintas épocas y de muy distintos estilos. Al periodo solutrense pertenecen las pinturas que representan caballos, una cabra y manos en negativo en color rojo. Al periodo magdaleniense, hace unos 14500 años, pertenecen el resto de pinturas del techo de los Polícromos, una manada de bisontes, una cierva, caballos, un jabalí y otros signos variados. También pertenecen a este periodo los caballos, ciervos y bisontes de la galería más alejada y estrecha y las figuras abstractas de La Cola de Caballo.

Esta cueva es única, por el uso de relieves de la cueva para generar volúmenes, por el claroscuro conseguido con dos pigmentos (el negro del carbón vegetal y el rojo de óxidos) y por las escenas representadas en la cueva.